Paisaje después de la batalla

01 bolsas

Agosto marca el fin de la temporada laboral, momento de hacer limpieza y preparar los trastos para la que viene, que empieza dentro de muy pocos días. Este año me he dado cuenta de que almaceno muchas cosas, concretamente bolsas (ahora de papel) que no tengo más remedio que eliminar.

02 folletos

Bolsas y más bolsas que contienen folletos y más folletos.
Veréis: para realizar mi labor como periodista de viajes y turismo tengo dos fuentes principales: los viajes en sí mismos y las presentaciones a la prensa. En ambos casos me suelen proveer de folletos, a veces libros, preciosos en su mayoría, pero que ya no caben en ninguna parte.

03 pendrives

Los pendrives (llámense lápices de memoria, memorias USB, pinchos…) van sustituyendo a los folletos como soporte de información, e incluso a los cedés, ya casi obsoletos aunque todavía convivan con ellos. Tienen las ventajas de ocupar mucho menos espacio; contener mucha más información escrita, fotográfica y audiovisual, que se puede volcar directamente al ordenador; y la posibilidad de borrase y ser reutilizados. (“Papá, ¿no tendrás por ahí un pincho? Que tengo que llevar un trabajo a la fácul”.) Y el gran inconveniente de que debido a sus diferentes tamaños y formas (algunas muy originales, eso sí) son muy difíciles de clasificar y archivar.
Así que también son ya demasiados al final de la temporada y habrá que eliminarlos algún día. Porque, aunque son casi tan bonitos como los folletos, tampoco caben en cualquier lado.

04 acreditaciones

Otro de los objetos propios de mis labores son las acreditaciones (identificaciones, solaperos, cordones, badges…) Tarjetas en forma de escapulario que uno se cuelga al cuello y que le franquean el paso en congresos, ruedas de prensa y reuniones varias. Recuerdo que las primeras que recibí hace ya muchos años, claro, me hicieron mucha ilusión. Ahora las voy guardando durante la temporada, al final hago un montón y las tiro, con todo el dolor de mi corazón, pero no hay más remedio. Pasa como con los pendrives, llega un momento que no sabes donde meterlos, salvo en el cubo de la basura.

05 rueda de prensa

Y todas estas cositas, testigos mudos y multicolores de mi actividad profesional, me las han ido dando en presentaciones, ruedas de prensa, seminarios y demás saraos que han ido realizando a lo largo de la temporada las empresas y oficinas que se dedican a divulgar las bondades de los más diversos destinos turísticos. Es la parte del trabajo que algunos colegas consideran más aburridas, pero que son indispensables si queremos estar bien informados, al día.

06 avituallamiento

La frugalidad es el signo de los tiempos. Aquí vemos el avituallamiento para participar en uno de esos seminarios que dura un par de horas en un “hotel céntrico”. Y no es una excepción, hoy es casi la norma. Frugalidad franciscana si no fuera por los caramelitos, dispuestos seguramente para solventar alguna lipotimia o bajada extemporánea de azúcar. ¡Con lo bien que vendría un cafelito a estas horas!

07 desayuno copioso

Y de un extremo al otro. Todavía hay empresas que mientras presentan su producto (la Ruta de Tal o el Festival de Cual) ofrecen desayunos como Dios manda. Benditas sean. Siempre que me toca uno, me acuerdo de un sketch recurrente de Gomaespuma en el que, cuando los informadores llegaban a una casa para hacer un reportaje, Fesser siempre gritaba: “¡Mujer baja el chorizo, que ya están aquí los señores periodistas!” ¡Cómo nos conocen!

08 comida de trabajo

Pero también hay almuerzos comme il faut, comidas de trabajo, claro. Curiosamente en estos convites la mayoría de los invitados no suelen ser periodistas (y no me refiero a los clásicos canaperos, que aquí se come sentado y está reservado el derecho de admisión), sino personajes de alcurnia. Suele haber un discurso, speach o presentación al principio. Es todo más elegante, se hacen corrillos por mesas y al final se habla de todo menos de los que nos ha llevado hasta allí.

09 fiesta

Una variante de las comidas de trabajo son las que llevan incluidas una fiesta temática. “Noche caribeña”, “Almuerzo texano”… Aquí suele haber regalitos. No llega a ser una fiesta de disfraces, pero a veces se le parece bastante.

10 marco incomparable

También están, las comidas, cócteles, o simples vinos (la mayoría de las veces españoles, aunque recuerdo también vinos argentinos o franceses) que se celebran en un “marco incomparable”. Un castillo, un palacete, una casona… Tienen ese aliciente añadido del escenario singular en el que se realizan. Solo por eso merecen la pena.

11 otro marco incomparable

Hay otros “marcos incomparables” pero por todo lo contrario. Por la fealdad o incomodidad de lugares como destartalados lofts o garajes sin reformar de los que parece que se acaba de marchar el último coche que había aparcado. Por que hay desvanes y galerías bien arregladitos que dan gusto, pero a estos “espacios” deteriorados la única gracia que les veo es que su alquiler costará menos, digo yo.

12 amigos para siempre

Y sin duda lo mejor de todos estos variados encuentros es que en ellos se hacen contactos interesantes, que nos vendrán muy bien en el futuro. Buenos amigos, algunos para toda la vida, que como decían Los Manolos: “Means you´ll always be my friend”.

(Fotos: Pilar Arcos)

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