El Güegüense, identidad de Nicaragua


Para conocer la idiosincrasia del pueblo nicaragüense no basta con leerse los poemas de Rubén Darío o escuchar las canciones de Carlos Mejía Godoy, dos de los más célebres hijos de esa tierra. Hay que conocer al Güegüense y al Macho Ratón.

Ni el Sátiro Sordo del “Príncipe de las letras castellanas”, ni Clodomiro el Ñajo del descubridor de los perjúmenes, nos dibujan con tanta precisión el alma de ese pueblo centroamericano como lo hacen estos personajes de espesos bigotes negros y cabezas de mula.
El Güegüense es un drama satírico, primera obra teatral de la literatura nicaragüense, tan importante como las ciudades coloniales o los volcanes milenarios, aunque mucho más desconocido fuera de sus fronteras. Se trata de una pieza fundamental para entender la protesta contra el dominio colonial español, que se suele representar cada año en el día de San Sebastián, 20 de Enero. Un drama satírico que combina el teatro, la música, la danza, la pantomima… una “comedia bailete”, según algunos estudiosos.
En el libro original aparecen 14 personajes, pero en las funciones callejeras no suelen ser más de ocho los personajes principales, acompañados por bailarines y un grupo de violines, guitarras y tambores.

Los tres personajes mestizos son el propio Güegüense, sus hijos Don Forsico (su mano derecha) y Don Ambrosio (más joven y crítico con su padre); las cuatro autoridades españolas son el Gobernador Tastuanes, el Capitán Alguacil Mayor, el Escribano Real y el Regidor Real. También aparecen tres mujeres: Doña Suche Malinche y sus dos damas de compañía; y cuatro mulos o machos: el Macho Moto, el Macho Viejo, el Macho Mohino y el Macho Guajaqueño.

El nombre de Macho Ratón con el que se designa a los cuatro mulos procede de la costumbre que tenían los conquistadores de poner nombres de animales a los indios para diferenciarlos: “cara de gallo” o “cara de conejo”, por ejemplo. En justa reciprocidad, aunque en son de burla, los indígenas decían de los españoles que parecían “machos” fuertes y rudos, o “ratones” chiquitos y débiles. En Macho Ratón, que quiere decir Mula Pequeña, “macho” alude a su aspecto físico y “ratón” a su pequeñez moral.

El Güegüense es el personaje central, muy respetado, astuto y con gran labia, que sabe desembarazarse de las acusaciones que le hacen los españoles. Elude en todo momento el choque directo con las autoridades, incluso se muestra cooperativo con ellas, pero recurre a las artimañas para zafarse de las imputaciones.

Su nombre procede de la palabra en lengua nahuatl “huehue”, que significa “viejo”, “sabio”. Se describe a sí mismo como un buhonero o vendedor ambulante que viaja con los cuatro machos por toda Centroamérica. Según las interpretaciones más extendidas, el Güegüense es un trabajador próspero y astuto que procura no pagar impuestos al gobierno establecido por la Corona Española.

Como mestizo que es, lleva máscara con bigotes negros, mientras que los españoles, para diferenciarlos, suelen ser rubios. Visten éstos ropajes elegantes con lentejuelas, y los mestizos vestidos menos ostentosos, llevan un chischil (sonaja) y calzan sandalias o simplemente van descalzos. Tampoco van calzados los machos, cuyas máscaras son de equinos negros, sobre las que soportan largas crines hechas con fibras vegetales.

Poco a poco, los personajes de esta obrita en principio menor pasaron a simbolizar la identidad de un pueblo pícaro, astuto y rebelde. Y su popularidad es tal que se ha acuñado la expresión “poner cara de güegüense” para designar al que no se enfrenta directamente al poder, aparenta sometimiento, pero se mueve en la sombra con astucia.
Los primeros textos que fueron conformando la obra se escribieron, probablemente, a principios del siglo XVI por autores anónimos en lengua nahuatl, aunque hay eruditos que afirman que algunas partes estaban en idioma mangue. Se trasmitió por vía oral hasta que en 1942 se publicó por primera vez una recopilación impresa. En 1950 se grabó la música.
Pero a pesar de su popularidad, El Güegüense cayó en decadencia en los revolucionarios años 70, hasta casi desaparecer a finales de los 80. Ahora, gracias al apoyo oficial recibido tras ser nombrado en 2005 Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y especialmente a las retransmisiones televisadas, el Macho Ratón cobra nuevos bríos.

FOTOS: PILAR ARCOS


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