Campechanos

Campechanos 1“Cuando cualquier periódico local como el Expreso o el Hoy han sacado alguna noticia de España en la que se decía que el rey Juan Carlos es “muy campechano”, nos hace mucha gracia. No sabíamos que fuera un compadre nuestro”. Mi socarrón interlocutor es un librero ambulante que recorre la ciudad con su carrito repleto de novelas, ensayos y poemarios que presta a quien se lo solicita. “¿Y no los vende?”, le pregunto. “Si quiere, sí”, responde con una sonrisa.
Estoy en el Parque de la Independencia de la ciudad mexicana de Campeche, una especie de zócalo. A un lado la catedral, en el centro el templete de la música, al otro el antiguo Palacio Municipal, hoy Biblioteca Pública, desde cuyas arcadas todas las tardes alguien lee libros por los altavoces. Un rito laico que me recuerda muy mucho a los lectores de las tabaquerías de La Habana.

Campechanos 2El desconocido rapsoda salmodia en una letanía un tanto cargante versos para mí desconocidos, que bien pudieran ser de Justo Sierra Méndez, otro campechano. Y es que aquí, todos son campechanos, es decir “sencillos, afables, cordiales, llanos, dispuestos a cualquier broma o diversión”. Aquí hasta yo, siendo Pastrano, me siento campechano.
Campeche es un estado mexicano en plena península de Yucatán, mirando al Golfo de México. Playas, manglares, ruinas mayas, ciudades coloniales… Una tierra fértil a la que acudieron los indianos españoles en busca de fortuna. Cuentan que cuando volvían a España, hablaban de las virtudes y el buen trato de los habitantes de estas tierras, los campechanos. Coromines en su Diccionario Crítico Etimológico cree probable que la voz “campechano” sea el gentilicio de Campeche, pero no lo asegura. Una vez más “se non e vero, e ben trovato”, y si no, que se lo digan a las autoridades turísticas.

Campechanos 3Lo que parece más seguro es que Campeche proceda de las palabras mayas “can”, que significa “serpiente”, y “pech”, que significa “garrapata”. Es decir, como en el caso de ese prodigio turístico cercano llamado Cancún, que significa “Nido de serpientes”, mejor no traducirlo al castellano. ¿A quien le gustaría ir a un lugar de serpientes y garrapatas?
Pech es también un apellido, el nombre de un linaje. He tenido la fortuna de recorrer el estado de la mano de Wilberth Alejandro Salas Pech, experto guía de raza maya, orgulloso de ostentar su apellido materno. En varias ocasiones me ha contado con nostalgia cómo aprendió el vocabulario maya que le enseñaba su abuela, y que ya muy poca gente habla el maya con fluidez.

Campechanos 4Hubo tiempos en los que los mayas se vieron obligados a castellanizar los apellidos de sus padres. Así Ek, como se llama nuestro chófer, se transformó en Estrella, Cab en Caballero, Chaac en Lluvia, Tun en Piedra, Puc en Colina… Pero Wilberth (yo le llamo Wil porque soy su amigo) mantiene con orgullo su Pech.
Campeche es, como dice el tópico, un crisol de etnias y culturas. La más importante por su número e influencia es la maya yucateca, pero hay registrados hasta 41 grupos que forman el 21% de una población total, que gira en torno a los 830.000 habitantes.
Recorrer el estado, o su ciudad capital, es pasearse entre una variedad casi infinita de tipos de marcadas y peculiares fisonomías (como las que recogen estas fotos de Pilar Arcos), de gentes amables y socarronas. Vamos, de campechanos. Volver
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