Copias chinas tan importantes como los originales

Con los Guerreros de Terracota en el Centro Fernán Gómez de Madrid (Foto: P. Arcos)

Con los Guerreros de Terracota en el Centro Fernán Gómez de Madrid (Foto: P. Arcos)

Son copias, pero están tan valoradas como si fueran originales. Son réplicas, pero a nadie le importa que lo sean. Son clones, pero es que los auténticos también lo son. Son las denominadas “copias originales” de los Guerreros de Terracota de Xian. Son simplemente una maravilla.
Y se exhiben en Madrid en el Centro Fernán Gómez. La exposición se abrió el pasado 13 de noviembre, pero en vista del éxito alcanzado (60.000 visitantes en los dos primeros meses), se prolonga hasta el 30 de marzo. Aún hay tiempo para visitarla.

El hábil montaje recrea perfectamente el Foso Nº 1 de Xian. (Foto: P. Arcos)

El hábil montaje recrea perfectamente el Foso Nº 1 de Xian. (Foto: P. Arcos)

En 1974 (hace 40 años y no cien, como ha dicho algún erudito de oropel) un grupo de campesinos de Xian, en la provincia china de Shaanxi, estaban excavando un pozo y se encontraron con extraños restos de cerámica que parecían muy antiguos. En efecto, los trabajos posteriores de los expertos revelaron que se trataba de partes de unas figuras humanas de terracota (barro cocido) realizadas en el siglo III AC. Poco a poco se han ido exhumando y reconstruyendo más de 7.000 guerreros y caballos a tamaño natural (o ligeramente superior al natural) que sirvieron de ajuar funerario al emperador Qin Shi Huang (260-210 AC), el unificador de China y uno de los personajes más terribles y apasionantes de la terrible y apasionante historia de aquel país.
Con él se interrumpió una sangrienta tradición de enterrar vivos a los sirvientes junto al cadáver del monarca. A cambio, se modelaba un auténtico ejército de barro en el que cada figura tiene sus rasgos diferenciados (no hay dos rostros, bigotes o peinados iguales) aunque se desconoce si se trata de “retratos” de los soldados o si el artista tenía libertad para escoger las facciones a su gusto.

No hay dos guerreros iguales. (Foto: P. Arcos)

No hay dos guerreros iguales. (Foto: P. Arcos)

En cualquier caso el Ejército de Terracota “original” (en el cartel de la exposición incomprensiblemente se mantiene el nombre en inglés: “Terracotta Army”. Si se quería haber dejado el original podrían haber puesto “Bing Ma Yong” (literalmente “Estatuas funerarias de soldados y caballos”). El que se ve en China es en sí mismo una réplica de la que ahora se ha hecho otra copia para pasearla por el mundo. Dicen los chinos que se puede considerar que un edificio es el “original”, aunque se haya reconstruido (tras un incendio, por ejemplo) si se levanta en el mismo lugar, se hace según los planos primitivos y con los mismos materiales. Si aceptamos su filosofía, estos guerreros que vemos en Madrid pueden considerarse tan originales como los que se exhiben en Xian. Es evidente que su traslado a miles de kilómetros supondría un riesgo innecesario. Tras una gira por varias ciudades europeas, las últimas La Haya y Madrid, partirán para Estados Unidos.
La muestra, muy ingeniosamente montada, está compuesta por cerca de 150 réplicas, y aunque hace 2.224 años estaban policromadas con pinturas de tonos chillones, estas copias de las copias han sido hechas a imagen y semejanza milimétrica de las que podemos ver en China en la actualidad, es decir descascarilladas, manchadas, del color de la tierra…

Julia Zhang en la presentación de la Fundación Orient. (Foto: P. Arcos)

Julia Zhang en la presentación de la Fundación Orient. (Foto: P. Arcos)

La parte más importante de la exposición es la reproducción parcial del llamado Foso Nº 1, que en Madrid cuenta con unos 90 guerreros y un diorama sabiamente colocado para que la sensación visual sea la del gran pabellón original con miles de figuras que se pierden en la distancia.
Completan la exhibición un documental de 50 minutos con la historia del descubrimiento de lo que se ha llamado “Octava Maravilla del Mundo” (que en 1987 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco) un taller infantil de dibujo y modelado en barro, una casa de té y una tienda de recuerdos, libros y objetos chinos.
Cabe reseñar también que, aprovechando un espacio tan específico, se ha presentado en este marco incomparable la Fundación Orient, que su directora, Julia Zhang, describió como una institución creada para “avanzar en la integración de la comunidad china en España” así como en el mutuo conocimiento y en la proyección de España ante los inversores chinos. Que falta hace.
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