He visto fantasmas en la Fitur

He de confesar que yo, como el niño de “El sexto sentido”, en ocasiones veo muertos. Bueno, en realidad lo que veo son fantasmas, que no es lo mismo pero es igual.
Me pasa todos los años en la Fitur. Al menos, que yo recuerde, desde 1992. Aquel año se celebró la 12ª edición de la feria. Era la primera vez que se hacía en el Parque Ferial Juan Carlos I, las anteriores tuvieron lugar en el Palacio de Cristal de la Casa de Campo. Lo que más recuerdo de aquellas primitivas (y con pavor) son las yincanas cotidianas en su aparcamiento salvaje, siempre embarrado.
En la primera Fitur, la de 1981, participaron 3.500 expositores de 130 países. En la 32ª, la de la semana pasada (y pese a la crisis) 9.500 de 167 países. Los cambios han sido importantes. En todo, menos en los fantasmas.
En 1992 (y que no me diga Gardel “que veinte años no es nada”) quedé tan impresionado por el espectro que vi, que publiqué un artículo titulado “El fantasma de la Fitur”. Releído hoy, lo volvería a firmar, palabra por palabra. Los fantasmas no son los mismos, pero son iguales. Volver

Un vaso de vino en Cantabria, la mejor inversión de mi vida

He quedado con unos amigos para comer en San Vicente de la Barquera, Cantabria. La cita es en el restaurante Maruja, seguramente el mejor de la villa marinera en cuestión de mariscos y pescados, junto con el Boga Boga. Los dos están en la Avenida del Generalísimo, que a los pejines (que así se conoce a los del lugar) no les gusta engañar y llaman a las cosas por su nombre de toda la vida, al pan, pan; al vino, vino; y a la Avenida del Generalísimo… pues eso.
Todavía es pronto y decido hacer tiempo tomándome un vino justo enfrente, en El Marinero, otro establecimiento con solera, justo antes de que la calle deje a un lado la parte antigua, el puerto pesquero y cruce la marisma de Pombo para llegar al nuevo barrio de la Fuente Nueva. En casi todos los escaparates hay fotos de David Bustamante o del Parque Natural de Oyambre, los dos estandartes de San Vicente.
Aquí el Rioja es el rey (que los pejines saben mucho) y la tapa reina la anchoa acompañada de pimientos del piquillo o similares. Los puristas, entre los que se encuentran mi amigo Joseba Guijarro de la santanderina Casa Lita, sostienen que la anchoa hay que comerla sola y bien limpita, pero la verdad es que en la mayoría de las tascas cántabras las ponen con los susodichos pimientos rojos.
Y cuando voy a pagar (que ya me esperan las cigalas en la acera de enfrente) me encuentro este cartel colgado en la pared al otro lado del mostrador: “LOS DERECHOS DE UN VASO DE VINO.” Lo que vale un vaso de vino da derecho a: usar palillos, servilletas, leer el periódico, ver la televisión, sentarse en una silla y ocupar una mesa, cagar, usar papel y agua, lavarse las manos con jabón y utilizar el secador, tirar colillas al suelo, jugar a las cartas con derecho a cantar, gritar, dejar paquetes y regalos y DECIR AL DUEÑO QUE GANA MUCHO DINERO”.
Salvo lo de las colillas (se ve que el cartel tiene sus años) el resto está vigente. Ni qué decir tiene que me bebí el vino y no hice ni la mitad de todo a lo que su magro importe me daba derecho. Ha sido la mejor inversión de mi vida. ¡Así me va! Volver

Los chinos nos están invadiendo al grito de “¡Berenjena!”

Es una invasión pacífica y silenciosa, pero está ahí. No tenemos nada más que salir a las calles, mejor si son lugares turístico-históricos, y verlos. En todo el mundo, también en España. Son los chinos que ya tienen dinero y visado de salida y son muchos. Algunos occidentales todavía se niegan a aceptarlo y dicen que son japoneses, pero a poco mandarín que se sepa se les reconoce inmediatamente. Hace años apenas salían de casa, sencillamente porque no podían, y los pocos que lo hacían eran fácilmente identificables por su vestimenta (hormiguitas azules o ropa de mercadillo). Hoy solo el 3,3 por ciento de los turistas que hay en China son extranjeros, el resto son nacionales. Y cuando salen fuera se mimetizan con el turista internacional de cierto nivel económico. Desde la década de los 90 la elevación del nivel de vida de los chinos ha sido vertiginosa. Bien es cierto que se partía de muy abajo, pero hoy es normal entre la población urbana tener coche, ordenador, móvil… cuando en los años 50 a lo máximo que se aspiraba era a una bicicleta, una radio o un reloj de pulsera… y en los años 40 lo único que querían era simplemente comer.
Según todas las previsiones, para 2020, China será la primera economía mundial, el primer destino y el primer emisor turístico del planeta. Ya está en el camino. En España se espera que de los 102.000 turistas chinos que nos visitaron en 2010 se pase al millón en 2020.
A la pasión por el teléfono móvil de hace unos años (yo vi los primeros motorolas mostrencos en Hong Kong a principios de los 80), le ha sucedido la fiebre por las cámaras fotográficas digitales. No en vano China fabrica el 80 por ciento de todas las cámaras digitales del planeta. En cualquier lugar que veamos a un chino, lo más probable es que esté alzando su camarita y gritando “¡Shuo qie zi!”. Lo traduciré: “¡Dí berenjena!”. ¿Te has quedado igual que antes? Pues la explicación es sencilla. Al igual que nosotros decimos “Que-si-to” o los argentinos dicen “¡Whisky!”, cuando se van a hacer una foto los chinos dicen “¡Qie ziiii!”, que suena “chie siiiii”, algo parecido al “¡Cheeese!” de los que hablan inglés.
Fíjate la próxima vez que los veas. No falla. Volver

La patagonia en peligro

Despedimos el año pasado con la más que preocupante noticia de un enorme incendio forestal en el Parque Nacional de Las Torres del Paine, en la Patagonia chilena. Y empezamos el 2012 sin que se haya extinguido, a la hora de escribir este post, el fuego que asola más de 12.000 hectáreas, dicen que por el descuido de un joven turista israelí.
Ahora es verano en el hemisferio sur y además de la gran cantidad de personas que visitan el parque (hasta 130.000 cada temporada) la sequía propicia este tipo de tragedias. Así sucedió en 2005 cuando la imprudencia de otro turista, en esa ocasión checo, acabó calcinando 14.000 hectáreas.
Con todo, hay peligros aún más importantes que acechan a la Patagonia. La devastación de los incendios tarda en recuperarse, pero con tiempo y dinero se consigue. Mucho peor es el proyecto, ya en marcha, de construir cinco grandes embalses para otras tantas centrales hidráulicas que producirían electricidad destinada a abastecer a la capital chilena, Santiago, unos 2.000 km. al norte, y a las empresas mineras del cobre situadas a unos 3.5000 km. La zona elegida para las represas es la región de Aysén, uno de los lugares menos contaminados (por ahora) del planeta.
La Patagonia es una de las regiones naturales más inalteradas en todo el mundo, con una gran tasa de pluviosidad y los mayores glaciares continentales que aún nos quedan vivos, lo que se traduce en ríos caudalosos que forman la segunda reserva de agua dulce del mundo. Los embalses en proyecto inundarían una extensión de unas 6.000 Ha. Y el tendido eléctrico necesario para transportar la electricidad hacia el norte sería el más largo de la tierra con una longitud de 2.300 km., con multitud de torres (cerca de 4.000) de unos 70 metros de altura (como casas de 23 pisos) que atravesarían parques nacionales con el consiguiente impacto medioambiental, humano y turístico.
A los que hemos tenido el privilegio de viajar a la Patagonia, esta situación nos preocupa bastante. Situada en la parte más meridional de Sudamérica, la Patagonia se divide en dos zonas, la argentina (aproximadamente dos terceras partes) y la chilena (el tercio restante). Su belleza natural es impresionante: glaciares, montañas, ríos, lagos, fiordos, islas, bosques, estepas y humedales únicos por su belleza y por su importancia medioambiental. Por citar sólo dos maravillas patagónicas, en la parte argentina se encuentra el glaciar Perito Moreno, en el Parque Nacional de los Glaciares, una lengua de hielo en movimiento constante de 60 metros de altura y 5 km. de longitud; y en Chile Las Torres del Paine, tres impresionantes agujas de granito rodeadas de hielos perennes.
Evidentemente, una tragedia como la que provocarían las represas ha hecho que estallen las protestas de grupos ecologistas o simplemente conservacionistas de Chile y del mundo entero, muchos de los cuales se han unido en la plataforma “Consejo de Defensa de la Patagonia Chilena”. De entre todas sus iniciativas destaca la publicación de unos carteles en los que se ve un montaje fotográfico de los campos de moais de la Isla de Pascua (también territorio chileno) atravesados por torres de electricidad con el lema: “Aquí sería inaceptable, en Aysén también”. En otro póster se ve una imagen de la Patagonia nevada tal y como quedará con la incorporación de las torres en su paisaje y el texto: “Destrucción ¡no es solución!”.
Entre los grupos de protesta más activos destaca la ONG Ecosistemas, que ha lanzado un disco de catorce canciones bajo el título “Voces X Patagonia” con la participación de artistas como Ángel Parra, Claudia Stern, Inti Illimani, etc, etc. que, con permiso de la SGAE, se puede bajar totalmente legal y gratis (yo lo he hecho) en www.portaldisc.com
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A tus atardeceres rojos…

Atardece en Isla Mauricio desde la “piscina infinita”
del hotel Maradiva

“A tus atardeceres rojos / se acostumbraron mis ojos / como el recodo al camino…” cantaba Serrat a principios de los 70 en esa fantástica balada, “Mediterráneo”, en la que muchos aprendimos que la genista no era más que una vulgar retama, pero que rima bien con “buena vista”.

No me imagino al noi del Poble Sec entonando “a tus amaneceres”. Los poetas han ensalzado más al atardecer que al amanecer, y por algo será, aunque en principio el significado de la salida del sol sea más positivo que el de su puesta.

Las tinieblas son para nuestra civilización sinónimo de ignorancia, oscurantismo, miedo, mientras que la luz lo es de conocimiento, felicidad, alegría.

No pasa así en Oriente donde el blanco es el color del luto y en el feng shui forma parte del yang, el principio masculino, el cielo, la luz, la actividad… Mientras que el yin, el negro, es el principio femenino, la tierra, la oscuridad, la quietud.

Pero hay una explicación más prosaica, más cercana a nosotros. Recapacita y piensa si has visto más amaneceres o atardeceres. (Abstenerse panaderos, insomnes y vigilantes nocturnos). La mayoría hemos asistido a más puestas de sol porque a esa hora aún no solemos habernos acostado, mientras que levantase de noche para ver amanecer creo que solo se hace rara vez y por otros motivos.

Valga todo esto como una reflexión que he hecho (y no creais que me sobra el tiempo) repasando nuestro (de Pilar y mío) archivo fotográfico en el que, con diferencia, hay más crepúsculos que alboradas. Porque es más fácil que me pille la ocasión cámara en mano esperando la hora de la cena que la del desayuno, aunque alguna vez (pocas) haya cerrado algún bar cuando clareaba, pero entonces no tenía yo el cuerpo para muchas fotos, ni tan siquiera fotingos. Volver

En la pequeña India

¡Hola turistas!

Ayer estaba en Isla Mauricio y hoy, ya me veis, en la India. (Ja, ja, ja) La verdad es que no soy tan rápido y no me he movido todavía de mi “Isla Bonita”. Me encuentro en el Grand Bassin (Gran Estanque) al que la comunidad india de Mauricio rebautizó como Ganga Talao (Lago del Ganges).

Los hindúes son mayoría en esta isla (52%) aunque se encuentre mucho más cerca de África que de la India. En 1898 un brahmán llamado Sri Jhummon Giri Gosagne, descubrió en medio de la jungla este lago que ocupa el cráter de un volcán extinto. Aseguró que le había sido revelado el lugar en sueños y que de la misma forma había visto que el río Ganges, que nace en los Himalayas, tras desembocar en el Golfo de Bengala reaparecía, cual portentoso Guadiana, 5.000 kilómetros después en esta laguna.

Desde entonces los hindúes mauricianos, que como todos están obligados a peregrinar al menos una vez en su vida al río sagrado, ya no necesitan viajar hasta la India. Estas aguas son tan sagradas como aquellas y el dinerito que se ahorran lo pueden invertir en el templo donde ahora me encuentro posando junto a la estatua de Ganesa, el dios con cabeza de elefante, cuatro brazos y cuerpo de hombre, patrono de los intelectuales y los viajeros. ¿Comprendeis? Volver

Turismo de sol y… caballos

¡Hola turistas!

Aunque no lo parezca estoy en Isla Mauricio. Esto es la prueba palmaria de que un turista puro y duro -como soy yo- puede hacer cosas diferentes que tumbarse panza arriba para quemarse un poco la barriga. Paraíso del turismo de sol y playa en pleno Índico, al ladito de Madagascar, Isla Mauricio ofrece muchos otros atractivos no excluyentes con el de la arena blanca y las olas turquesa. Esto por ejemplo; las carreras de caballos en el hipódromo del Campo de Marte en Port Louis (la capital), el más antiguo del hemisferio sur. El año que viene cumplirá dos siglos de historia. (Para que os hagáis una idea el de la Zarzuela de Madrid se inauguró en 1941).

En 1810, a un coronel del ejército británico que acababa de conquistar la isla, se le ocurrió que, para ganarse la confianza de los colonos franceses, sería bueno organizar “fraternales” carreras de caballos. Lo hizo en 1812… y hasta hoy. Dicen que no hay otro acontecimiento en la isla capaz de congregar a 20.000 mauricianos, y encima lo hacen todos los sábados.

El ambiente es interesantísimo, quizás solo comparable al del mercado central. Incluso los que no nos gustan demasiado las carreras nos sentimos arrastrados por un ambiente único de mezcla de razas, religiones y clases sociales.

Pues aquí me tenéis, en el “paddock”. Esta carrera la ganó Polar Falcon. Yo perdí todo lo que había apostado a Juanfra. Volver

La Amazonía ¿nueva? maravilla de la naturaleza

El vuelo de Iberia IB 6651 no dejaba de ser un vuelo normal. En doce horas, más o menos como de costumbre, cubría el trayecto Madrid-Lima sin ningún incidente, ni tan siquiera las habituales turbulencias al entrar por la Guyana en el denso y nublado espacio aéreo amazónico. El experimentado comandante Alfonso Salazar tuvo la deferencia de invitarnos a algunos de los pasajeros a ver desde su cabina la increíble sinuosidad del Amazonas y sus afluentes describiendo inverosímiles meandros poco antes de sobrevolar las cumbres siempre nevadas de los Andes.

La singularidad vino al aterrizar en la capital peruana. Allí, antes de recoger las maletas (momento siempre incierto), nos esperaban un grupo de bailarines folclóricos con mayor o menor fortuna artística y de guardarropía, y las encorbatadas autoridades locales. En una ceremonia bendecida por los efluvios del pisco sour, el Airbus A340-600 con matrícula EC-LEU fue bautizado como “Río Amazonas”. Pasaba así esta flamante aeronave a engrosar la menguada lista de aviones de Iberia con nombres no españoles: “Islas Galápagos” y “Ciudad de México”. Entre la puerta del avión y el principio del finger, cortó la cinta inaugural José Luis Silva, ministro de Comercio Exterior y Turismo de Perú, en presencia de Ángel Valdemoros, director de Ventas Internacionales de Iberia; Javier Sandomingo, embajador de España en Perú; e Iván Vázquez, presidente de la región de Loreto.

Casualidad o no (no hay que creer en los milagros), cuatro días después la Amazonía en su conjunto recibía la distinción de ser incluida en la lista de Siete Nuevas Maravillas Naturales del Mundo, un controvertido concurso popular a través del teléfono y de internet en el que compitieron 477 zonas naturales de todo el mundo y en el que también fueron elegidas la Bahía de Ha-Long (Vietnam), las Cataratas de Iguazú (Argentina-Brasil), la Isla de Jeju (Corea del Sur), la Isla de Komodo (Indonesia), el río subterráneo del Puerto Princesa (Filipinas) y la Montaña de la Mesa (Sudáfrica).

La Fundación New7Wonders es una empresa con evidente ánimo de lucro creada por el suizo Bernard Weber que ha sido fuertemente criticado por organizar estos shows mediáticos. Incluso la Unesco, patrocinadora de las listas del Patrimonio de la Humanidad (que también tienen tela), ha puesto en duda los parámetros por los que se rigen estos certámenes. Evidentemente el método del SMS o el del e-mail se presta a múltiples fraudes, a amiguismos y a paleterías, y los criterios de elección son tan diversos que es casi imposible la ecuanimidad, pero ¿alguien duda de que con la ayuda interesada de Weber o sin ella la Amazonía es, ha sido y (pese a todo) será una maravilla? Pues eso es lo que hay que tener en cuenta. Y si no que se lo digan a las autoridades turísticas peruanas, aplastadas por el apabullante éxito de esa otra maravilla natural-cultural que es el Machu Picchu, de cuyo descubrimiento se cumple ahora un siglo. La distinción les ha venido muy bien para promocionar el país como destino amazónico (el 60% del Perú es Amazonía), para incrementar el número de visitantes de aquella zona, para atraer nuevas inversiones y para intentar conseguir un turismo sostenible y lo más ecológico posible. Volver

Mi pasaporte miente como un bellaco

Y no me refiero a mi edad (¡cuant@s ocultan esa realidad!), ni a mi profesión (que ya los pasaportes españoles no la ponen), ni tan siquiera a mi nombre (en un mundillo en el que abundan los seudónimos). Es una mentira mucho más sutil, casi imperceptible. Aparece en todos los pasaportes españoles y se encuentra en la segunda página del librito, precisamente la primera que abrimos todos inconscientemente, la que indefectiblemente abren todos los aduaneros del mundo para ver la foto y los datos que, sin embargo, están en la cuarta página. ¡Cuántas personas la habrán visto! ¡En cuántos subconscientes se habrá grabado!
Coged el documento en cuestión y abrirlo. Casi seguro que lo hareis por la segunda página en la que aperece un precioso grabado de las tres carabelas de Colón coronadas por un mapa con el itinerario de ida y vuelta a/de América de ese gran periplo, el viaje por excelencia. ¡Qué bonito!
Pues nadie se dio cuenta, hasta que un perspicaz argentino con doble nacionalidad se percató de que en la ruta del retorno solo se indica la llegada a Lisboa. Y es verdad que Colón llegó a la capital lusa el 4 de marzo de 1493, pero se hurta en el dibujo que Martín Alonso Pinzón llegó tres días antes a Bayona (Baiona), en Pontevedra.
Dice Fray Bartolomé de las Casas en su crónica que durante el viaje de regreso del Descubrimiento, a la altura de las Islas Terceras (Azores) el 14 de febrero de 1493 “creció el viento, y las olas eran espantables”, lo que hizo que se separasen las carabelas “La Pinta”, mandada por Pinzón y “La Niña”, gobernada por Colón. Así que arribaron a la península en días y zonas diferentes.
A los baioneses no les ha hecho ni pizca de gracia, han puesto el grito en el cielo y quieren que se rectifiquen los diez millones de pasaportes existentes. Para ello han apelado hasta al rey. En 1996 se inventaron la Festa Medieval da Arribada, declarada de interés turístico en 2010. Y es que, y no me cansaré de decirlo, tiran más un par de turistas que dos carretas.
Reviso mi pasaporte en un aeropuerto mientras espero el embarque. Es bastante mono, sus páginas están llenas con los dibujos de otras rutas, de otros viajes de animales migratorios. Miro la de los ñus, la de las morsas, la de las tortugas bobas… por si encierran más falsedades. Y veo que en la del salmón (pág. 24) no aparece el trayecto de entrada de estos peces por el río Eo. ¡Los pillé! ¿A qué esperan los pueblos ribereños para elevar sus quejas a quien corresponda? Volver

Obesidad y exceso de equipaje



Se veía venir. La democrática Dinamarca ha aprobado por fin un proyecto de ley para gravar con un impuesto las grasas que se coman los daneses. Desde 2009 se hablaba en el país nórdico de las supuestas ventajas para la salud de este impuesto que aseguran que se traducirá en un alargamiento de la vida de nada menos que 5,5 días a cambio de pagar dos euros por kilo de grasa saturada ya sea directamente en carnes, o en quesos, mantequilla, pastelería, etc. Naturalmente hay quienes han destacado que la medida supondrá unos ingresos extra en las arcas del erario público de casi 200 millones de euros al año y que este es el verdadero interés del impuesto.

En Dinamarca el 10% de la población es obesa, pero en Estados Unidos la cifra alcanza el 34%. Allí, la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, de la que la senadora republicana Sarah Palin ha dicho “she has the cojones that our president does not have”, “tiene los cojones que nuestro presidente no tiene”, ha propuesto multar a los pacientes obesos que acudan al Medicaid (plan de salud para personas con bajos recursos económicos). Tiempo al tiempo.

Algunos piensan que se trata de una campaña internacional contra los gordos, y los turistas gordos nos tememos lo peor. Recuerdo el bochorno que pasé hace años en el aeropuerto de San Carlos, Nicaragua, cuando antes de embarcar en un vuelo regular de “La Costeña” con destino a Managua me hicieron subir a la báscula junto con mi maleta. A simple vista se me ve que estoy gordo, pero en aquella ocasión todo el pasaje se enteró por las voces de la aeromoza de que mi maleta y yo pesábamos 128 kilos. Si la maleta no excedía de los 20 kilos admitidos… Es verdad que era un avión pequeño, pero de ahí a pagar exceso de equipaje por los kilos de más que llevamos incorporados en nuestro cuerpo va solo un pequeño paso que a lo peor se atreven a dar cualquier día.

Los amigos nicas se excusaron con una gran sonrisa: “Es que verá usted, tenemos que saber exactamente los kilos que suben a bordo”. Y yo les dije con otra sonrisa no menor: “No, si no me importaría siempre y cuando aquello de una persona un voto se cambiase por un kilo, un voto”. Para mi, esa sería la auténtica democracia. Volver

Mi cámara Nicon


Parafraseando a Pepe Isbert en “Bienvenido Mister Marshall”, “Como bloguero vuestro que soy, os debo una explicación, y esta explicación que os debo, os la voy a pagar”. Me refiero a la flamante cámara que aparece en la foto. Se trata, nada más y nada menos, de una Nicon de serie limitada.

Cuando los americanos se retiraron humillados del Vietnam en 1973, dejaron en el asolado país muchos muertos, muchas embarazadas y mucha basura. Y entre ésta miles de botes de refrescos vacíos. Los vietnamitas, que son muy apañados y no tiran nada (“De lo que se tira nada se saca”, viene a decir un proverbio), enseguida encontraron utilidad a esas latas inservibles. Con maña y paciencia las cortaron e hicieron con ellas juguetes que acabaron comprando los turistas americanos que visitaron el país años después entre el remordimiento y la incredulidad. Los he visto en el mercado Ben Thanh de Ho Chi Minh (antigua Saigón).

Más tarde, cuando Fidel Castro se fijó en el modelo económico vietnamita (Doi Moi o Renovación), se ve que algún cubano que fue a Vietnam para aprender la fórmula también se llevó de vuelta a Cuba la idea del reciclado de botes de refrescos. No tardaron en aparecer juguetes muy parecidos en el mercadillo de la plaza de la catedral de La Habana y hoy los hay en los remodelados Antiguos Almacenes San José de la capital cubana.

En un viaje a las Bahamas volví a verlos en el Straw Market de Nassau. Entonces no me pude resistir y compré una cámara Nicon hecha con latas de Fanta de naranja. Desde entonces viajo siempre con ella. “Ni-con mucha paciencia le saldrá una foto con ésto”, me dijo con un inconfundible acento cubano y en socarrón castellano el chaval que me la vendió. Se equivocaba, con mi Nicon saco las mejores fotos de mi vida, las que no necesitan mucho disco duro en la memoria porque son las que nunca se olvidan. Volver

Ser turista

Frente a la tendencia generalizada de que el turista es un ser algo bobo y sin criterio, que lo bueno es ser viajero, yo quiero reivindicar al turista puro, pero también duro. Por supuesto que hay turistas necios, a lo peor son la mayoría, pero también los hay sensatos, tanto o más que los viajeros.

Alguien dijo que la diferencia entre turista y viajero es fundamentalmente una cuestión de tiempo. El turista tiene un tiempo limitado y una fecha obligada para volver, el viajero no. Estoy de acuerdo. Porque hay muchos turistas, viajeros en espíritu, que solo disponen de unos pocos días para viajar.

Pero hay también viajeros tan atolondrados que pasan sin ver lo que tienen delante de sus ojos, por mucho tiempo del que dispongan. Marco Polo, sin ir más lejos, permaneció 17 años viajando por China y pasó varias veces por la Gran Muralla… pero ¡no la vio!, al menos nunca hizo mención de ella. Y a nadie se le ocurriría decir que el ilustre mercader veneciano no era un viajero sino un turista.

Y hay turistas (yo entre ellos) que preparan minuciosamente sus recorridos, que estudian los itinerarios y su historia, sus costumbres, sus gentes… Este es el turista que reivindico desde un día ya lejano en el que le dije a una señora mayor que yo: “Mamá quiero ser turista”. Volver

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  1. Trackback: Tanto pesas, tanto vales | SudamericaHoy

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